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El giro esotérico: cómo un juego se convirtió en libro secreto

Durante trescientos años el tarot fue un juego de cartas y nada más. Entonces, en los años previos a la Revolución Francesa, se transformó en una década en un libro lleno de secretos. Eruditos, comerciantes y magos declararon que los triunfos eran jeroglíficos egipcios, letras hebreas y herencia de pueblos nómadas. Casi nada de eso resiste el examen. Y, sin embargo, seguimos leyendo las cartas con los ojos de aquellos hombres.

París 1781: Court de Gébelin y el libro de Thot

Antoine Court de Gébelin (hacia 1725-1784) era hijo de un pastor protestante, masón y un erudito respetado en París. Su obra de toda la vida, Le Monde primitif, apareció a partir de 1773 en nueve volúmenes y pretendía reconstruir la lengua y la cultura originarias perdidas de la humanidad. En el octavo volumen, de 1781, figura un ensayo sobre el juego del tarot. En él, Court de Gébelin cuenta que, estando en una reunión, observó a unas damas jugar al tarot y en un cuarto de hora reconoció que los triunfos eran alegorías egipcias. Los sacerdotes, según su teoría, habían vestido su saber con un juego para que sobreviviera a la caída de su cultura. El nombre lo derivó de un inventado Tar-Rosh egipcio, «camino real». En el mismo volumen, el conde de Mellet publicó un segundo ensayo que por primera vez vinculaba los 22 triunfos con las 22 letras del alfabeto hebreo y describía un método de adivinación.

Una circunstancia desenmascara la teoría: en 1781 los jeroglíficos no se podían leer. La piedra de Rosetta no se encontró hasta 1799 y el desciframiento de Champollion llegó en 1822. Court de Gébelin no sabía leer ningún texto egipcio y se apoyaba solo en parecidos. Era hijo de su tiempo: el entusiasmo por Egipto del siglo XVIII impregnaba logias, óperas y novelas, y el tarot encontró en él su lugar.

Etteilla: el primer cartomántico profesional

Por la misma época, en París, un hombre practicaba la lectura de cartas no como erudición, sino como negocio. Jean-Baptiste Alliette (1738-1791), originalmente comerciante de semillas y grabados, se hizo llamar Etteilla, su apellido leído al revés. Ya en 1770 publicó una guía para adivinar con una baraja de piquet corriente; de 1783 a 1785 siguieron cuatro cuadernos sobre el tarot, en los que retomó y amplió la tesis egipcia de Court de Gébelin. En 1788 fundó una sociedad de «intérpretes del libro de Thot», daba clases, vendía escritos y recibía clientela. En 1789 apareció su propia baraja, el primer tarot hecho exclusivamente para interpretar. Etteilla reordenó los triunfos, numeró de corrido las 78 cartas, imprimió palabras clave en los márgenes y dio a cada carta un segundo significado para la posición invertida. Palabras clave, cartas invertidas, esquemas de tirada fijos: mucho de lo que hoy parece obvio se puede tocar por primera vez en él. Según el estado actual de la investigación, ya antes se echaban ocasionalmente las cartas con tarot; un manuscrito boloñés de hacia 1750 enumera significados adivinatorios para cartas de tarocchino. Pero solo Etteilla hizo de ello un sistema y una profesión.

Éliphas Lévi: cábala y alfabeto hebreo

El siguiente escalón lo encendió un antiguo aspirante al sacerdocio. Alphonse-Louis Constant (1810-1875), que como autor se hizo llamar Éliphas Lévi, publicó en 1854 y 1856 los dos volúmenes de su Dogme et Rituel de la Haute Magie. Cada volumen tiene 22 capítulos, uno por triunfo. Lévi tomó el vínculo con el alfabeto hebreo, pero lo convirtió en el corazón de un sistema: cada triunfo corresponde a una letra y, con ello, a un sendero del árbol de la vida cabalístico; los cuatro palos corresponden a las cuatro letras del nombre de Dios y a los cuatro elementos. Al Loco lo situó entre el Juicio y el Mundo. Para Lévi el tarot era una llave universal de la que podían derivarse todas las religiones y ciencias. Nunca publicó una baraja propia, pero su dibujo del Baphomet con cuernos marcó las cartas del Diablo posteriores. Sobre todo se convirtió en maestro de los ocultistas ingleses, de los que trata la siguiente parte.

Papus, Wirth y la leyenda de los «gitanos»

Discípulos y sucesores de Lévi continuaron la obra. Jean-Baptiste Pitois, que escribía bajo el nombre de Paul Christian, contó en 1870 en su Histoire de la magie una iniciación egipcia en la que el adepto es conducido ante 22 imágenes. Probablemente a él se remonta la denominación «arcanos» para las cartas. Gérard Encausse (1865-1916), médico y, bajo el nombre de Papus, uno de los ocultistas más activos de París, publicó en 1889 Le Tarot des Bohémiens; con «bohémiens» se designaba en francés a los romaníes. Su tesis: el pueblo nómada había traído el tarot desde Oriente como la Biblia de su sabiduría. Ese mismo año, el suizo Oswald Wirth (1860-1943), por sugerencia de su mentor Stanislas de Guaita, dibujó 22 triunfos siguiendo las indicaciones de Lévi, con letras hebreas, en una tirada de 350 ejemplares. Papus los reprodujo en su libro; en 1927 Wirth presentó una versión revisada que hasta hoy es el modelo de muchas barajas «cabalísticas».

La leyenda de los romaníes como portadores es fácil de comprobar. Según el conocimiento actual, los romaníes llegaron a Europa central hacia 1417 y a París en 1427, cuando en Europa ya se jugaba a las cartas desde hacía cincuenta años. Que algunos romaníes vivieran después de la quiromancia y la lectura de cartas los convirtió en una pantalla de proyección, nada más. La palabra «Zigeuner» (gitano) es una denominación impuesta desde fuera; los afectados se llaman sinti y romaníes. Que los ingleses los llamaran «Gypsies», es decir, egipcios, porque se creía que venían de Egipto, hizo confluir ambas leyendas.

Por qué no se sostiene y aun así actúa

¿Qué ofrecen las fuentes? Antes de 1781 ningún documento vincula el tarot con Egipto, la cábala o una doctrina secreta. Las imágenes de los triunfos son alegorías cristianas y cortesanas del siglo XV: papa y emperador, virtudes, Fortuna, Juicio Final. El número 22 y un orden fijo solo están documentados hacia 1500, y aun entonces con diferencias regionales. Si las cartas contuvieran un código oculto, quienes lo descifran tendrían que llegar a los mismos resultados; en realidad, Lévi, Wirth y la Golden Dawn se contradicen ya en la pregunta de qué letra corresponde al Loco. Los historiadores Michael Dummett, Ronald Decker y Thierry Depaulis han reunido estos hallazgos desde los años ochenta.

Y, sin embargo, sería un error descartar el giro esotérico como un simple error. Creó algo nuevo: barajas hechas para interpretar, significados para cada carta, posiciones invertidas, tiradas y un lenguaje con el que las personas se entienden sobre imágenes interiores. El tarot que sacas hoy es una tradición de unos 250 años, no de 5000. Es menos misterioso, pero es sincero.